Con el corazón encogido compartimos la partida de nuestra amada gata Serena, que nos dejó ayer, a los 18 años de vida, tras una larga batalla contra una enfermedad renal.
Nos gustaba decir que ella era la personificación del amor — un amor puro y verdadero, pero solo cuando a ella le parecía bien.
Serena fue nuestra enfermera. Cuidó de todos nosotros como un ángel de la guarda. Con una sensibilidad única, acogía a cada uno en momentos de enfermedad, tristeza o cansancio.
Ella recibió lo mejor de nosotros y también vio lo peor y, aun así, nunca se alejó. Más que perdón, nos ofrecía apoyo y una comprensión silenciosa.
Cumplió su ciclo con una dedicación y maestría que nos marcará para siempre. Partió en un día lluvioso, el 22 de septiembre, a las 14:40, en casa, rodeada de quienes tanto la amaban.
Esperamos que, dondequiera que esté, sus virtudes sean reconocidas y que se sienta orgullosa de nosotros.
Llevaremos para siempre en el corazón su mirada sabia y el consuelo de su ronroneo. Hasta siempre, nuestra querida enfermera.
